Universidad de Puerto Rico

Discusión sobre Estudios Generales y la UPR

Diálogo imaginario, con intención provocativa, sobre la pertinencia de la educación general en la UPR ante la actual problemática de Puerto Rico.
2017-03-06

—Mis clases me gustan, a los estudiantes también; cambio los temas cada semestre, varío los métodos.

—Pero en la Facultad de Estudios Generales no hay una comunidad de estudiantes que pertenezca allí por investigar un cuerpo de conocimiento. No es una facultad "de verdad"; es un sitio de profesores y administradores que se dedican a discutir entre sí y alternarse en puestos administrativos. Para salir de las limitaciones de Estudios Generales inventan proyectos, buscan dar clases en otras facultades, se dedican a actividades fuera de la universidad. Tienen el tiempo, pues los cursos básicos no requieren prepararse tanto como en otras facultades...

—También investigan. Destacan en el recinto de Río Piedras por sus contribuciones y publicaciones.

—Algunos hacen investigación por su autodisciplina particular y sus condiciones individuales, no porque orgánicamente Generales sea para eso. Estudios Generales se aleja del principio de que el docente enseñe de las cosas que investiga e investigue de las cosas que enseña. El profesor allí echa a un lado los temas de su interés y especialidad pues debe leer otras cosas para los cursos básicos. Esta lectura no tiene que conllevar mayor profundidad, pues el curso se compone de trazos de diferentes disciplinas, del departamento, adaptados al nivel de los estudiantes. Este nivel está lejos de ser exigente, pues los estudiantes acaban de salir de la escuela, y en Generales permanecen aislados de estudiantes de niveles más avanzados.

—Se supone que en el salón de clases el docente integre intelectualmente esos conocimientos y produzca discusiones avanzadas y de problemas principales, algo nada simple. Se busca contrarrestar la especialización estrecha.

—Pero se trata de una lectura mínima, suficiente para "dar una idea" de problemas y conceptos que se consideren principales (o generales: no está claro). Una verdadera integración de disciplinas requeriría estudio detenido de diversos campos de ciencias naturales, sociales, humanidades, etc. Tomaría bastantes años, sería algo avanzado, no básico; quizá lo que se llama generalmente filosofía. Difícilmente esto puede hacerse mientras se enseñan cursos básicos. Una integración de saberes depende de si el docente que da la clase conoce esos saberes. Si tiene una formación rica podrá dar clases integrales en cualquier facultad; si no, en ninguna. Y es un error suponer que la especialización de por sí es estrecha. El conocimiento se produce, en principio, a partir de la investigación especializada, esto es, concentrar la atención y la interrogación —la labor intelectual— en unas materias y cuestiones específicas. En Generales se difunde conocimiento, más que producirse.

—Falso. Estudios Generales sigue una tradición en que el énfasis de la docencia es en la enseñanza y discusión en el salón de clases, más que la investigación; este diálogo con los estudiantes también produce conocimiento.

—Es conocimiento dialógico, que tiene gran valor, pero otra cosa es pasar al plano escrito y a la esfera teórica, a un orden simbólico en que las representaciones mentales pueden ser compartidas con los otros en el ámbito institucional, como conocimiento nuevo. El momento de la conversación es importante, pero es esencial, para que haya universidad, la producción escrita que resulta de la investigación. Que muchas veces los requerimientos de investigación se cumplan de manera estrecha no debería llevar a identificar estrechez con investigación.

—Creo que subestimas el momento del salón de clases, así como las investigaciones de los docentes de Generales. En Generales se crean continuamente cursos nuevos, que no se crean en otras facultades. Y las otras facultades no parecen generar más investigaciones publicadas que la nuestra, con la excepción, supongo, de Naturales. La cuestión es compleja: las condiciones de trabajo académico distan de ser óptimas.

—Más bien tú subestimas el diálogo fuera del salón de clases que existe a diario entre los estudiantes en las facultades, precisamente porque buscan profesar unas disciplinas. Un crecimiento importante de los individuos se da fuera del salón, en la relación espontánea en la facultad a que el estudiante pertenece, con compañeros de diferentes edades e intereses, reunidos por temas de conversación y reflexión comunes. Un muchacho que empieza su carrera en una facultad se relaciona con otros allí distintos a él y mayores que él, que lo estimulan a interesarse en problemas, lecturas y debates, y así tira hacia adelante y crece. El crecimiento es un trabajo que el sujeto debe pasar. En una facultad a los estudiantes les separan diferencias de edad y de estudios y concentraciones, lo que enriquece sus diálogos e interacciones afectivas; intercambian sus impresiones sobre cursos, profesores, planes y vidas personales, sus estudios de cosas diferentes en esa y otras facultades, los acontecimientos sociales, etc. Estos procesos tan caros a la universidad prácticamente no existen en Estudios Generales. La formación personal y educativa debe corresponderse con el ejercicio de la libertad, las estrategias individuales y el desarrollo intelectual, moral, sexual, anímico, de disciplina de trabajo académico, etc. El lugar físico y social de este desarrollo es la facultad donde el estudiante está durante años y forja su propia perspectiva. La facultad brinda identidad, orgullo, retos, discusiones. Es, en fin, una comunidad y una institución donde muchos individuos dialogan y discuten con ella, y entre sí. Es interacción también referente a intereses materiales y morales, pues la facultad implica metas en el mercado de trabajo y contribuir a la sociedad de alguna forma específica.

—En Estudios Generales se despiertan la imaginación y el interés en los saberes, se superan las fronteras entre disciplinas.

—En Estudios Generales los estudiantes están forzados burocráticamente a tomar esos cursos. Deben hacerlo nada menos que en su primer año, cuya gran significación en consecuencia se restringe. Están junto a otros de su misma edad y nivel, reproduciendo lo que saben y tienen en común, o sea la vida de la escuela. Deben obedecer a un profesor o profesora que puede darse el lujo de ser deficiente, o inexacto, o faltar, o hacer casi lo que desee, pues, distinto a la escuela, no está bajo la vigilancia de un director escolar y del poder del Departamento de Educación.

—Cada vez más estamos bajo control de la administración y criterios de la Middle States y del gobierno estadounidense. La universidad, no sólo Generales, progresivamente parece una escuela superior sometida a un régimen escolar tipo No Child Left Behind.

—No debemos resignarnos a eso, ni aceptar que Estudios Generales es como una escuela secundaria porque el estado quiere hacer así toda la universidad; sería convertir la miseria en virtud. Es una reducción trágica del potencial de la universidad como productora de cultura y economía. La UPR viene dedicándose a: 1) proveer empleos a quienes allí trabajan; 2) generar "profesionales" algunos de los cuales luego, si posible, son empleados o tal vez crean empresas; 3) exportar a Estados Unidos el conocimiento científico que se produce, notablemente en el recinto de Mayagüez —que bien mirado podría ser núcleo de un Puerto Rico independiente—; y 4) exportar profesionales y graduandos, o sea fuerza de trabajo calificada (continuando la política de Muñoz Marín de enviar a Estados Unidos mano de obra en masa). Para todo eso se dan millones de dólares en becas y programas federales descontectados de algún proyecto de desarrollo de la Isla, que no existe. No existe en parte por la función que se le asigna a la UPR. También la UPR es un espacio de estar y socializar en un país de precarios lugares de socialización; un sitio para interactuar y jugar, donde se calman y procesan las incertidumbres.

—Oh, el problema no es sólo Estudios Generales, sino la universidad, la historia de Puerto Rico...

—Generales es parte de una forma en que se ha entendido la universidad, influenciada por cierta visión escolar —según se ha visto aquí la escuela desde 1900—, y pastoral, como la escuela dominical que crearía mejores personas. Evade la necesidad de formar filósofos, intelectuales, productores de pensamiento nuevo mediante la ciencia, la tecnología, el pensamiento original, que transformen la realidad con investigaciones, monografías, ensayos críticos. Todo lo cual podría llevar a mejor calidad de conversación en el salón de clases y a redes de investigación entre distintos espacios universitarios.

—Los cursos básicos sientan la base de todo eso. Producen diariamente pequeñas revoluciones, aunque tu grand discourse y tus expectativas ambiciosas no lo vean.

—Los estudiantes han salido de escuela superior deseosos de dar rienda suelta a sus curiosidades y deseos en la vida adulta, pero se les obliga a cursos en un espacio que no es escolar ni propiamente universitario (a menos que en su primer año se integren a otra facultad). Están obligados, como sus profesores, a esos cursos, pero sus deseos están en otros sitios. Quieren terminar esos cursos cuanto antes para ir a donde realmente les interesa.

—¿Tú qué sabes? ¿Cómo puedes estar seguro de lo que desean a los 18 años? En mis clases tenemos buenas discusiones, ellos participan. Años después uno se encuentra con alguno de ellos y le expresa a uno lo mucho que le gustó aquella clase de básico, lo importante que fue en su vida.

—Que a algunos de ellos les guste la clase (nada más faltaría) no elimina el problema. Yo recuerdo con aprecio mis maestras y clases de escuela superior, pero reconozco lo que es en realidad la escuela en esta sociedad. En los debates sobre educación hay que ver que, en principio, cualquier clase es buena, en relación a que no haya ninguna. La academia más conservadora o limitada es, en cierto modo —en el modo moderno predominante—, mejor que no tener ninguna. Por tanto, no estamos hablando aquí de unas posibilidades que hagan daño versus otras, sino de cómo organizar óptimamente la educación con vistas a la universidad, el país.

—Hay que definir para qué es la universidad y en relación a la sociedad que se persigue. Tremendo rollo. No veo por qué negar la función positiva de Estudios Generales y la satisfacción que brindan sus cursos en la forma de vivir actual, real, no imaginaria.

—Es una lástima que algunos profesores casi no piensen en la relación entre universidad y estrategia política y económica del país. Es como una tendencia a que seamos pequeños burócratas, un modo del intelecto narrow minded que decías.

—Quizá el asunto sea uno individual de tu parte, y se solucione si te vas a trabajar a otra facultad. Que Estudios Generales no tenga estudiantes propios puede ser positivo, pues es un lugar de cursos innovadores y corrientes curriculares nuevas que atraen estudiantes de las otras facultades, y que éstas no ofrecen por repetir los encuadramientos tradicionales. Desarrollamos cursos inter y transdisciplinarios que generan dinamismo y espacios de conocimiento correspondientes a la sociedad actual. No cambiarás todo el país por hacer unos cambios curriculares; la carencia de estrategia política y económica de Puerto Rico no desaparece porque haya o no haya unos cursos en la universidad.

—Según lo que dices las innovaciones interdisciplinarias estarían recluidas en Estudios Generales. Pero es el vigor de las comunidades de estudiantes y profesores de las facultades lo que puede dar impulso a esos desarrollos curriculares de integración de saberes. No me parece que una unidad a cargo de lo que las facultades no hacen, o no quieren hacer, pueda sustituir la vitalidad de las comunidades académicas y la vida estudiantil. Claro está, cambiar la universidad conlleva más trabajo.

—Desde 2006 hay cursos de educación general en las diferentes facultades, que son requisito para todos los estudiantes.

—Los cambios del 2006 resultaron de una discusión crítica de Estudios Generales; pero todavía falta. Que profesores de Generales inventen cursos innovadores, además de los cursos básicos, sugiere que les sobra tiempo, dada la poca preparación y estudio, relativamente, que les exigen los cursos básicos. Sugiere también que deben estar aburridos con sus cursos básicos.

—Quienes han promovido argumentos como los tuyos y tratado de eliminar la Facultad de Estudios Generales suelen ser indiferentes a la identidad de esta facultad, al espíritu de cuerpo que convoca a sus profesores y empleados e infunde una disposición al trabajo, muchas veces con una generosidad y creatividad que no tienen otras facultades, que logra derrotar una y otra vez los intentos para eliminarla.

—Es posible, pero eso no invalida un argumento. Las identidades y los espíritus de cuerpo se crean por tradiciones y causas históricas. No deberían ser idealizadas o vistas como algo glorioso de por sí, irrespectivo del proceso social. Abundan casos de identidades y espíritus de cuerpo que han dejado saldos negativos.

—Que en Generales unos profesores deseen dar clases más cercanas a sus intereses y especializaciones quizá ocurra en los departamentos de Ciencias Sociales y Humanidades. No creo que en Español, Inglés, Biológicas y Físicas haya ese problema.

—Reconoceré que un núcleo vigoroso de Estudios Generales es la actividad de los profesores de ciencias biológicas y ciencias físicas, quienes realizan una labor rigurosa y discusiones avanzadas y especializadas de la ciencia, y a la vez dan a los cursos un giro humanista y de integración de conocimientos (al menos así debería ser). Pero lo óptimo, si buscamos lo óptimo, sería que esas contribuciones enriquecieran, digamos, la Facultad de Ciencias Naturales y no se recluyeran en cursos básicos de Generales, los cuales, por cierto, a la larga pierden significación pues quedan sepultados por los estudios posteriores que hace el estudiante. Claro está, transformar a Naturales —para no hablar del recinto de Mayagüez— es un reto nada pequeño, por el poder que tiene la línea académica establecida allí desde hace décadas, que corresponde a intereses económicos y políticos. Además los estudiantes que deciden ir a Naturales no están obligados a tomar los cursos de biológicas y físicas de Estudios Generales, o sea, se pierden el enfoque integrado y humanista. Es una muestra del poder que tenía Naturales, y de la posición disiminuída de Generales, en la discusión de 2006.

—Estás picando fuera del hoyo. La universidad es una diversidad de espacios. Estudios Generales y las demás facultades y escuelas se complementan, son un conjunto.

—Pero los intereses y conceptos más poderosos tienen la hegemonía. En distintas facultades vienen creándose desde hace años cursos de integración de conocimientos y disciplinas, y eso está muy bien. Por eso mismo hay más razón para cuestionar la Facultad de Estudios Generales. Me pregunto si su existencia no insinúa que los grupos gobernantes han permitido un rinconcito a quienes tienen inclinaciones diferentes para que se dediquen a conversar ad infinitum sobre ideas generales en abstracto, y evitar así una transformación todavía más abarcadora de la educación superior que, incluso, quizá ayudara a concebir un proyecto de universidad alternativa y de país. Imagínate la potencia enorme que resultaría de una integración entre los quehaceres de las facultades de Sociales, Naturales, Humanidades y otras: fuerza educativa, teórica, social, política. Sin embargo prevalece la fragmentación usual y hasta aumenta sus aspectos conservadores, en el universo del capitalismo global.

—Lo que dices es una gran especulación teórica y abstracta. No podemos cambiar en este momento la universidad ni el país, al menos como querríamos (si nos pusiéramos de acuerdo). Si tenemos la Facultad de Estudios Generales para hacer cosas nuevas y distintas, lo que hay que hacer es fortalecerla y mejorarla.

—Una economía que recibe amplios fondos estadounidenses desde hace ochenta años indirectamente propicia que abordemos esta cuestión sin detenernos mucho en los intereses de los estudiantes y del país, y busquemos la creatividad sólo en el plano ideal, sin una perspectiva estratégica de conjunto. Puerto Rico enfrenta el reto de construir su sociedad. Es a los sitios en que están los estudiantes donde hay que llevar la educación general, para que los trabajos que hagan después estén impregnados de la conciencia histórica y humanista.

—Subestimas el efecto concreto que tiene Estudios Generales en montones de estudiantes, incluso en jóvenes que luego se integran a la docencia: un efecto que ha sido importante durante generaciones.

—De lo que se trata es de expandir eso. Ni los cursos básicos ni los cursos innovadores de Generales tienen influencia suficiente para dar dirección o impulsar hacia adelante al conjunto de la universidad. Esa es la dura verdad. Las iniciativas inter y transdisciplinarias en varias facultades y escuelas vienen más por influencias globales y estadounidenses, que porque exista Estudios Generales.

—Debes tratar de demostrarlo. De cualquier modo, subestimas las matizaciones culturales que Estudios Generales ha ayudado a impartir a la UPR y al país: una inclinación a la tolerancia, al énfasis democrático y la sensibilidad social y moral. Gente con doctorados de Estados Unidos y otros países generalmente ha sido menos sensibilizada en estos sentidos que los puertorriqueños que pasan por el recinto de Río Piedras, por el efecto de los cursos básicos. Los estudiantes y exalumnos reconocen y aprecian a Generales, aunque no lo digan, pues fue importante en su formación.

—No hay por qué suponer que esas matizaciones sólo pueden darse en Generales y no en las demás unidades. No pienses sólo en el ex-estudiante que te elogia cuando se encuentran de casualidad años después. Imagina los muchos que si te ven te ignoran o ni se acuerdan; tal vez recuerdan aquella clase con burla o indiferencia, o como una pérdida de tiempo, o una etapa de poca significación que olvidaron enseguida, una experiencia fugaz y forzada desconectada de las rutas importantes de su crecimiento. Se les colocó autoritariamente en ese primer año. No tenían puntos de referencia para valorizar la calidad del curso o del profesor, pues no había una comunidad de estudiantes en que se insertaran, que juzgase colectiva y dialógicamente a los profesores y los cursos respecto al cuerpo temático de una facultad universitaria y a los intereses comunes de los estudiantes allí, en el lugar concreto de desarrollo suyo. En las facultades el talento de los profesores se mira contra el trasfondo de la competencia de mercado, pero también de un universo social, una comunidad intelectual que forma un conocimiento colectivo sobre su propia calidad. Los estudiantes tienen interés en esa calidad, por razones intelectuales y por su futuro laboral, y deben participar en ella.

—En las otras facultades los estudiantes también deben tomar cursos obligatorios, y muchas veces allí tampoco tienen criterio de casi nada.

—Pero en Estudios Generales el problema se agudiza. Un profesor de Generales puede dar su clase de forma excelente, mediocre o pobre, y el estudiante apenas tiene puntos de referencia para apreciarlo. Lo que enseña no se corresponde con un cuerpo de conocimiento que se sustente en la vida colectiva estudiantil y académica de una facultad, y con relación al cual un estudiante pueda decir que ese profesor es estimulante o deficiente en determinado tema o campo. El profesor de Generales imagina que da la mejor clase del mundo, pero el estudiante no tiene forma de saberlo. Profesores vagos pueden reproducir actitudes de improductividad con la excusa de unos estudios que son generales y por tanto pueden incluir cualquier cosa.

—En Estudios Generales los estudiantes toman clases de literaturas de español e inglés, ciencias físicas, ciencias biológicas, ciencias sociales y humanidades. Cobran una visión integrada del conocimiento.

—No sé si eso es un mito. Desde la escuela superior los estudiantes, en cierto modo y a otro nivel, han accedido a esas disciplinas y las han relacionado entre sí en su mente. Si la escuela actualmente no hace siquiera eso, entonces se justificaría Estudios Generales porque hace la labor de la escuela. Pero disminuir la calidad universitaria contribuye al descenso de la escuela. La cuestión es cuál es el mejor lugar para interrelacionar las disciplinas entre sí, que promueva un plano cultural y de conocimiento superior, y evite la especialización estrecha a que tienden el mercado y la sociedad estadounidense.

—El mejor lugar es una facultad que se dedique a unirlas.

—El mejor lugar para unirlas es la facultad que el estudiante haya escogido y donde realiza su vida universitaria. Es irónico que, como hay una supuesta facultad dedicada a la integración del conocimiento, las demás facultades se desentienden o soslayan esa integración. En Naturales prevalece una superespecialización; también en las otras facultades y escuelas. Podrían introducirse allí más cursos que relacionaran la ciencia con estudios de humanidades, ciencias sociales, literatura, Puerto Rico, el Caribe. Estudios Generales no tiene por qué atribuirse ser el lugar de integrar las disciplinas.

—La demanda por cursos interdisciplinarios es muy grande y la absorben diferentes facultades, incluyendo Estudios Generales.

—Hay docentes que piensan que Estudios Generales es como un año avanzado de escuela superior; también lo he oído de padres de estudiantes y de estudiantes que hablaban espontáneamente. Algunos colegas lamentan que profesores valiosos deban estar en Estudios Generales; suponen que allí tenderán, más que en otros sitios, a bajar su rendimiento ya que no existe un estudiantado que les reclame calidad.

—Puedo citar bastantes cosas que he oído contrarias a esas. La mera enunciación no hace cierta una opinión, probablemente desinformada o prejuiciada por algún ánimo mezquino de competencia. Allá tú, que enseguida te achantas.

—Sí, claro, los demás son ignorantes y están equivocados. De fondo hay un tema mayor. Desde la década de 1960 vienen dándose expansiones enormes en la cantidad de estudiantes universitarios en el mundo, de las materias y disciplinas de estudio y de facultades, especializaciones, integraciones y discusiones. En los 70 la universidad se expandió de forma inaudita. La física, química, matemáticas, ciencia de computadoras, genética y biología han formado grandísimos nuevos campos de estudio, así como la sociología, estudios de la cultura, historia, literatura, teoría política, geografía, arte, humanidades, comunicación, economía, etc. Después de la posguerra, con la descolonización y las luchas sociales se relativizó la centralidad occidental. Cobraron terreno innumerables discusiones críticas de la cultura, del sistema mundial y el proceso humano, de la razón, el patriarcado, la sexualidad, las inclinaciones religiosas que yacen al fondo del conocimiento, la educación, el colonialismo, el ambiente, la tecnología, el desarrollo, relación sociedad-naturaleza, las narrativas, el inconsciente, antropología, ecología, etc. En la UPR se expandieron grandemente las facultades y escuelas. Se crearon más recintos. Se generalizaron los intercambios internacionales. La internet y la virtualidad dispararon más aún estas revoluciones culturales.

—Lo cual aumenta la importancia de Estudios Generales.

—Estudios Generales, que había sido la joya de la corona de la reforma de la UPR, fue por un par de décadas lugar central de la universidad. Recibía en los años 40, 50 y 60 muchachos de barrios y pueblos de la Isla, en mucha mayor cantidad que antes y cada vez más, que admiraban aquel sitio ilustre y único al que arribaban, central en el país, donde se hablaba de Platón y Aristóteles, de los fundadores de la ciencia moderna y del pensamiento occidental, de las grandes obras de filosofía y literatura y éstas se relacionaban con el proceso científico, histórico y cultural; donde eran invitados profesores reconocidos de otros países. Sin embargo, una vez a partir de los 70 se producen revoluciones epistémicas, filosóficas, científicas, tecnológicas y discursivas a nivel mundial, y los aumentos en cantidad, por así decir, se convirtieron en cambios en calidad (no siempre para bien), en Puerto Rico se expandieron aceleradamente las facultades de la UPR y se crearon más recintos y universidades. La cultura global se intensificó y, por cierto, su complejidad aumenta con las crisis sociales que hay en tantas partes. Aquella centralidad de Estudios Generales pasó a ser marginalidad. La complejidad es demasiada para que pueda encapsularse en cursos básicos. La integración de saberes crece, pero cobra sentido a partir de áreas que requieren estudio a fondo, más aún si se aspira a desarrollar países jóvenes.

—¿Y no ha sido Estudios Generales parte de esa integración de saberes?

—Claro que ha ayudado. La pregunta es si lo podrá seguir haciendo; si la educación general viene debilitándose por la insistencia en meterla en una supuesta facultad a cargo de ella; si no es hora de que la integración del conocimiento se institucionalice en todas las facultades, un reto al que se le saca el cuerpo, pues es más fácil quedarse en el conversatorio sobre las virtudes y glorias pasadas de Estudios Generales. Como me dijo un colega, lo que hay que impulsar es la educación general, que es algo diferente a la Facultad de Estudios Generales. Los profesores de física y biología que enseñan en Generales podrían irradiar una influencia enriquecedora y saludable en la Facultad de Ciencias Naturales si formaran parte de ella, y ayudar a transformarla; y así los otros.

—Estudios Generales es la estructura que históricamente se creó aquí; no ha cesado de cuestionarse ella misma y de buscar rutas nuevas; y donde se imparten cursos excelentes y fascinantes, que a veces no dan a basto por la gran demanda de los estudiantes. Sus cursos indirectamente impactan las demás facultades.

—¿Por qué entonces no dar los cursos de educación general en las otras facultades? Es probable que nuestros profesores se encontrarían mucho más a gusto; se propulsaría su talento, su rendimiento y sus preferencias; tendrían vía libre para el conocimiento que forjaron y que en Estudios Generales debe limitarse —incluso suprimirse— para amoldarse a clases que se acercan a la escuela secundaria. No lo decimos, pero la mayoría somos profesores en Estudios Generales porque no se nos dio plaza en las facultades en que hubiésemos querido trabajar. Ninguno estudió "Estudios Generales"; todos estudiamos otras cosas. Esto puede relacionarse con cierta tendencia a que los cursos básicos sean light aunque sus profesores den lo mejor de sí y los enseñen con enjundia y preparación, pues no representan una concentración de esfuerzos intelectuales e investigativos de quienes los imparten, ni de los estudiantes. El talento y conocimiento por tanto se sub-utilizan. Los cursos del Bachillerato de Generales y otros innovadores que se crean son a menudo ofertas de pocos semestres, de manera incierta e intermitente.

—Cosas muy parecidas pasan en las demás facultades. Y tomaría un siglo distribuir la educación general por toda la universidad.

—Tomará más mientras Generales se suponga el custodio de la educación general. Hay que ver cómo se fortalece más la universidad, y cómo se debilita más. El asunto difícilmente se aborda si cada cual está pendiente sólo de su finquita. Toma en cuenta la tendencia a que aumenten los profesores por contrato y a tiempo parcial; es algo que podrá trastocar los cimientos de la calidad universitaria. A la vez aumenta la distancia entre los estudiantes y el estudio.

—En todas partes disminuye la calidad académica de los jóvenes, hay una crisis del sistema escolar y de la cultura educativa.

—Por tanto hay que fortalecer los vínculos entre el deseo de los estudiantes, sus estrategias personales, sus disciplinas y la educación general, en la facultad que han seleccionado y donde harán una carrera y parte importante de su vida. El capitalismo actual propicia un anti-intelectualismo y el decaimiento de la lectura y de la autonomía intelectual y del propio criterio. Cada vez más la universidad se reduce a enseñar cosas elementales como leer y escribir. Estudios Generales a veces parece, en este sentido, un lugar de servicios sociales. Incluso hay que "seducir" a los estudiantes para que se interesen en la clase, pues muchas veces les importa poco. Estos problemas se abordarían con más efectividad en la facultad que da sentido al estudiante.

—Todas las facultades enfrentan la crisis educativa. Los estudiantes apenas saben o pueden leer. Leen sólo en su celular, twits, mensajes de Facebook. El libro es ajeno a sus vidas; para ellos tocar un libro es como para nosotros tocar una herramienta agrícola del siglo 14. Leer diez páginas es para ellos una tortura, o una gran hazaña. Ni hablar de seguir el tren de pensamiento del texto o buscar palabras en un diccionario. Es un cambio de época...

—Luce que se acerca el fin de la universidad como la conocemos (al menos en nuestro país), y quizá la junta de control fiscal acelere ese fin. Las celebraciones mecánicas y nostálgicas de Estudios Generales parecen desentenderse de esta gravísima cuestión.

—No aprecias bien la magnitud del problema. Lo que enfrentamos es un abismo cada vez mayor entre educación superior y grandes masas alejadas de la elaboración intelectual y de la escuela, no digamos ya la universidad. Es lo que dice Vandana Shiva: mientras más avanza el conocimiento más crece la ignorancia, o sea la cantidad de gente que se aleja de las formas y contenidos de conocimiento que interesan al sistema global y la universidad promueve. Altas especializaciones científicas y técnicas y discusiones elitistas de teorías culturales y filosóficas se recluyen en pequeños círculos. Se destruyen los conocimientos no occidentales o que parezcan innecesarios a la actividad industrial, tecnológica y administrativa dominante.

—Sí, aunque...

—La UPR cumple una función central en Puerto Rico, en parte por la escasez de sitios de educación avanzada donde se fomente la discusión crítica. Miles pasan por el recinto riopedrense cada año y luego van a las más diversas ocupaciones y a incidir en el país de muchas formas; que todos pasen por los cursos básicos hace una diferencia. Generales cumple una función humanista, de articulación entre nuestra realidad caribeña y americana y la ciencia, la estética, la ética, el análisis social, o de puente entre la escuela, como dirías tú, y el concepto de la universidad. Es improbable transformar las facultades y la universidad como propones; la estructura de poder es muy dura y está integrada a un entramado estadounidense y transnacional.

—Veo. Entonces la universidad es un concepto. Propones un pragmatismo que nos mantenga sujetados al sistema burocrático y financiero de universidades americanas y al poder global. Te rindes. No exit.

—Tu inclinación a lo dramático, en esta conversación y en tu visión de la sociedad, difícilmente ayuda a abordar adecuadamente la cuestión. Los estudios generales aspiran a una educación integrada, que interrelacione la ciencia y tecnología con lo humanista e histórico.

—Las universidades que tienen programas de estudios generales por lo general tienen una masa de estudiantes en ellos; pero sabemos que el Bachillerato de Estudios Generales es raquítico y su identidad y carácter están en incertidumbre perpetua; siempre ha estado en crisis. Porque algunas universidades norteamericanas (con mucho dinero) tengan programas de estudios generales, no tenemos que invocarlas para justificar la experiencia que se ha dado aquí. Hay que ver si lo que hacemos obedece a un concepto universitario articulado a un proyecto de país, o es una imitación.

—El Bachillerato puede reconceptualizarse y ampliarse. Creo que quien imita eres tú. Estudios Generales es fruto de la experiencia de la UPR y de nuestro país. Según lo que dices, todas las universidades imitan conceptos que a su vez imitan otros conceptos; todo imita algo, de manera que la discusión se torna absurda. Lo que hay que hacer es fijarse en el efecto concreto de Estudios Generales en la UPR y en Puerto Rico. ¡Nuestros cursos básicos ponen a los muchachos en condiciones de aprovechar las clases de las facultades a que ingresan! Generales hace cosas que no hacen los departamentos de las otras facultades.

—Pero no tiene estudiantes. Lo que hay que hacer es transformar los departamentos de las demás facultades, en vez de recluirse en un fortín.

—Tu discusión se inclina a más peleas y desgarramientos.

—Tal vez sea al contrario. Fíjate en las peleas entre profesores, a veces de largos años. Las irritaciones psicológicas son comunes, así como los escapes. Profesores talentosos deben destruir su excedente intelectual, que sobra por limitarse a las clases de Generales.

—Wao. Qué cuadro trágico pintas. En todas las facultades del mundo hay peleas entre profesores; tienden a la insatisfacción pues deben reducir su talento a estructuras estrechas; es el problema de la alienación del ser humano respecto al trabajo. La gente vende en el mercado su fuerza de trabajo, y destruye o reprime el resto de su potencial humano e intelectual: usa un 40 o 50 por ciento de su capacidad, por así decir. Se nota más en los académicos, pero es parte del capitalismo. No debe sorprender que haya bastante gente aburrida, deprimida, enfadada.

—En tanto se ha sacralizado a Estudios Generales nos inhibimos de cuestionarla, y el resentimiento se desata contra otros colegas. Se parece a lo que Freud describe de los hijos que, al amar y odiar al padre a la vez, pelean entre sí; su ira corresponde a la represión de no poder pensar, decir, ni hacer nada contra el padre. Después de muchos años de trabajo docente tipo escuela secundaria, la frustración estalla de variadas formas, a veces aunque la persona jure lealtad a Generales. Surgen las más curiosas enemistades.

—Se habrán dado casos en algunos departamentos, pero estás atribuyendo a Estudios Generales cuestiones muy complejas y universales. Lo que procede es expandir la oferta y calidad de Generales. Sin embargo parece que propones eliminar la Facultad.

—Si se hiciera algo nuevo debe ser superior a lo que existe. La discusión sobre las opciones debe ser informada e inclusiva. Para discutir esto debe movilizarse la gente de todas las facultades, crearse un liderato.

—Siéntate a esperar. La tuya es una especulación idealista de lo que quisieras que ocurriera; pero la historia se realiza de manera concreta, no como uno desearía. Estudios Generales tiene dos puntales principales: los cursos básicos y espacios potenciales para cursos y proyectos creativos, innovadores, que pueden ser trans e interdisciplinarios. Estos son elementos positivos y vigorosos para la academia puertorriqueña, no de debilidad como alegas. Supongamos que es cierto que los profesores de Generales pueden dedicarse a cursos innovadores porque los cursos básicos requieren menos preparación que cursos en otras facultades, y tienen más tiempo disponible. Tachar esto de negativo es seguir criterios muy conservadores de trabajo y rendimiento. Por ejemplo, unos profesores han creado cursos de música y sociedad, porque saben música y también antropología, psicología, política, historia, tecnología, sociología y demás. Esos cursos han tenido enorme popularidad entre los estudiantes. Hubieran podido crearse en la Facultad de Humanidades u otra, pero el hecho real, concreto e inescapable, es que no fue allá que se crearon, sino en Estudios Generales. En otros sitios no se les ocurrió, no había gente que supiera de esas materias, dirigen su actividad a otras cosas, o lo que fuera. Se crearon en Generales porque aquí había el espacio, la sensibilidad, las condiciones, la conversación en esas direcciones.

—Pero...

—El proyecto de estudios urbanos surgió de Estudios Generales (se aspira a que reúna docentes y aproximaciones de toda la universidad). No fue en la Escuela de Planificación, a la que por décadas no se le ocurrió crearlo, ni en Arquitectura ni en Sociales ni en otro sitio, pues en los otros sitios estaban muy ocupados haciendo otras cosas. Es en Estudios Generales donde estamos pensando un curso sobre afrodescendencia. No es en Sociales o Humanidades. Podría mencionar cursos creados en Generales de ciencia, literatura, epistemología, etc.

—Son proyectos estupendos y contribuciones encomiables, a la vez que son tablas de salvación para Estudios Generales, cuya función de dar cursos básicos viene creándole una crisis existencial, y aprovecha la gran demanda que hay ahora por cursos electivos. Los cursos supuestamente transdisciplinarios responden a esa demanda, no a una comunidad académica dedicada a investigar esos campos; los estudiantes que los toman vienen del resto del recinto en busca de electivas.

—¿Y qué? Si se impartieran en otras facultades también asistirían estudiantes de otros sitios. Te contradices al decir que los cambios sociales y educativos desde los años 70 transformaron los conocimientos, relativizaron los viejos centros y dispararon las interacciones culturales y mundiales, y seguir aferrado al concepto de facultad con estudiantes y docentes exclusivamente propios, con una identidad y demás.

—No hay que desear la restricción, pero es necesaria la estructura.

—Bah...

—Para que los cursos creativos e interdisciplinarios de Generales puedan existir, deben existir los cursos básicos limitantes, ya que de éstos los docentes obtienen el excedente de tiempo para hacer los cursos innovadores, y porque los cursos básicos son la razón de ser de Estudios Generales. Quizá hacer cursos transdisciplinarios e innovadores es una confesión indirecta de que los cursos básicos son limitantes; incluso una admisión callada de que tal vez Estudios Generales debería eliminarse, o sea la identidad que de ella se construyó, y sustituirse por una suerte de Cultural Studies o algo así. En los años 90 profesores de otras facultades propusieron algo parecido, y hubo gran oposición defensiva en Generales.

—Puedes verlo si quieres como algo negativo, una eliminación. Pero podría ser una transformación; que Estudios Generales forme un nivel nuevo y superior a partir de las contradicciones contenidas en su propio desarrollo. Se desechan unas cosas, se retoman otras, y se crea algo nuevo. En todos los espacios culturales hay contradicciones. Habría que ver si pueden convertirse en un proceso positivo de formar algo nuevo.

—Se puede ver de muchas maneras, pero persisten los problemas de: i) los limitantes cursos básicos; ii) no hay una comunidad estudiantil que se forme en el estudio de "Estudios Generales"; iii) urge institucionalizar la educación general en la universidad en vez de recluirla en una sola supuesta facultad; y iv) los cursos innovadores se hacen gracias al tiempo excedente que los cursos básicos proveen a los docentes, lo cual confirma que estos cursos requieren poca preparación, en relación a la formación intelectual de los profesores y al rigor universitario, lo que equivale a decir que estos docentes están sub-utilizados en Estudios Generales y que los cursos básicos tienen mucho de escuela secundaria, por más que inventen los profesores para variar los temas y hacerlos interesantes.

—A veces colegas que estudiaron en Estados Unidos o Europa suponen que el tipo de universidad y currículo que conocieron allí es el único o mejor posible, frente al cual otras posibilidades son insuficientes y deformes. Lo que para ti son desviaciones del conocimiento y el rigor, son formas que se han creado a partir de nuestra historia, en espacios que los universitarios puertorriqueños hemos ocupado y transformado.

—Si se disolviera la Facultad de Estudios Generales, sus docentes serían ubicados en las demás facultades, ¿no es así?

—Supongo que sí.

—Pues, una vez trasladados a las facultades y escuelas, pueden promover la discusión para mejorar esos lugares. No se discutiría simplemente la nueva ubicación física de los profesores, sino el bagaje que traen, cómo pueden enriquecer esas facultades, cómo mejorar la universidad, la importancia de la educación general y la integración de saberes. Terminar Estudios Generales forzaría esta discusión en las facultades y escuelas, y obligaría a pensar nuevos cursos y miradas allí y dinamizar algunos departamentos en ellas que están anquilosados, repetitivos, acostumbrados a mirar en una sola dirección, o consumidos por peleas pequeñas que a veces reflejan una estrechez de miras. Debería hacerse pronto, mientras los docentes puedan incidir en los contenidos de la educación universitaria, algo que podrá terminar cuando la mayoría esté por contrato y a tiempo parcial. Hay que reinventar la UPR y unirla a estrategias de un proyecto de país.

—Es una apuesta muy arriesgada. Puede que quienes desean eliminar Generales porque no creen en la educación general aprovechen el ambiente de crítica a Estudios Generales (que tú fomentas) para eliminarla, sin esos cambios enriquecedores que propones para las facultades. Parece que la junta de control fiscal y el gobierno del PNP aplicarán un gerencialismo autoritario, dirigido supuestamente al buen uso de fondos y la austeridad. Seguramente se eliminarán bastantes espacios en la UPR. No creo que les interese esa magnífica transformación de la UPR que deseas.

—Lo harán desde arriba, sin participación del país ni de la comunidad universitaria. Debemos nosotros hacer las propuestas de cambios en la UPR, y aprovechar el discurso de reducción de gastos para proponer una liquidación de Estudios Generales que conlleve más cursos integrados y aproximaciones interdisciplinarias en el resto del recinto de Río Piedras, y llevar esta discusión a todo el sistema UPR. Debemos nosotros impulsar alternativas, en vez de que el poder decisional sea monopolio de otros.

—Tu argumento falla en la suposición de que hay condiciones para sustituir Estudios Generales por la creación de nuevos cursos en las facultades. Tienes que bajar de las nubes del idealismo, al mundo práctico. Difícilmente los otros se dispondrán enseguida a discutir el tema que para ti es el importante. Los administradores de departamentos y facultades están llenos de trabajo y no darán prioridad a esta discusión. Las facultades tienden a conservar lo que tienen, continuar sus planes y atenerse a las instrucciones, sobre todo en estos tiempos de incertidumbre y escasez. Tampoco hay la vitalidad intelectual de otros tiempos, ni siquiera organizaciones estudiantiles como las que motorizaron los debates y cambios en la universidad ¡desde la década de 1940! No hay medios efectivos para que los universitarios intercambien ideas sobre estas cosas y las discusiones intelectuales se traduzcan en reflexión general y cambios curriculares.

—Lo sé; la gente se siente privilegiada por tener un empleo en la UPR; se adhiere a una simulación de universidad, un burocratismo con retórica parlamentaria y rimbombante que imita un poder que no tiene, una institución que aún debe crearse.

—Sus predisposiciones corresponden a condiciones reales. No sólo a ideas, sino a las estructuras y los espacios que se han creado históricamente, donde trabajamos a diario para mejorar la eficiencia y la calidad, a pesar de todos los problemas y limitaciones, incluidas deficiencias de las otras facultades.

—Los cambios son posibles si...

—Pretender integrar la educación general a las facultades y escuelas del recinto, más de lo que se ha hecho, es una fantasía. Es poco el dinero para nuevos ofrecimientos académicos. Es pobre el margen de acción de la UPR y del gobierno. Dicen que a corto plazo se reducirá la cantidad de profesores sin plaza; disminuirán las condiciones de trabajo de todos... En fin, quizá lo más "radical" sea conformarnos con lo que tenemos, la Facultad de Estudios Generales, y hacerla lo más efectiva y rica posible.

—¿Conformarnos? Una universidad debe estar para ayudar a formar y desarrollar su sociedad. Los académicos de la UPR trabajan y producen mucho, contrario al discurso vulgar que a veces se oye de que son vagos e ineficientes. Pero no hay un conjunto orgánico en que se acumule su rendimiento e impulse al país; no hay un gobierno que haga eso. Los americanos concibieron la UPR para que no se integrara a un desarrollo autónomo de Puerto Rico como país, que ellos impiden, ni lo promoviera.

—Las cosas podrán cambiarse poco a poco. Si no se han creado condiciones para grandes cambios, éstos no aparecerán por simple voluntad de unos pocos.

—Qué lamentable. Al menos tengamos conciencia crítica de esta realidad.

—Admito que esta discusión debe continuarse.

 


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Resumen: 

Este escrito es un diálogo imaginario, con intención provocativa, sobre la posibilidad de expandir la educación general a través de toda la UPR, la pertinencia de la Facultad de Estudios Generales del recinto de Río Piedras, y la necesidad de repensar la universidad a la luz de la actual problemática histórica de Puerto Rico. En la conversación dos interlocutores exponen puntos encontrados sobre el concepto y estructura de la Facultad de Estudios Generales, la educación general, producción de conocimiento y la función de la universidad. Comentan la experiencia de Estudios Generales en cuanto a práctica docente y pedagógica y participación y crecimiento de los estudiantes. Discuten la tradición oficial de la UPR versus la cuestión de la integración interdisciplinaria. Debaten la forma organizacional de la UPR y sus problemas epistémicos y educativos; también las tensiones entre burocracia y docencia, y entre supuestos educativos formales y la atmósfera intelectual, moral y laboral que enfrentan la academia y el estudiantado. Comentan las contradicciones entre el ideal de criterio independiente y pensamiento original, y por otro lado el poder del mercado y la tendencia a la escolarización y vocacionalización de la universidad. El diálogo aborda la contradicción entre los roles asignados a la UPR en la tradición de gobierno y económica de Puerto Rico, y la idea de una autonomía socioeconómica de la Isla.

Cobertura: 
UPR, Puerto Rico, presente
Reseña biográfica: 

Héctor Meléndez es Catedrático en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Estudios Generales, donde trabaja desde 1997. Desde los años 90 también enseña cursos de Ciencia Política y Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales de la UPR. En los años 70 fue periodista; en los 80 incursionó en la literatura narrativa. Vivió en Europa durante una década; ha enseñado en universidades en Nueva York e Inglaterra, y en algunas privadas en Puerto Rico. Ha publicado libros y artículos sobre teoría social, política y cultural. Posee un bachillerato en Historia de la Facultad de Humanidades de la UPR. Durante un año estudió filosofía en la Universidad de Complutense de Madrid. Posee una maestría en Política de la Universidad de York, Reino Unido, y un doctorado en Estudios Culturales de la Universidad de Birmingham, Reino Unido. Hizo su tesis doctoral sobre la relación entre la formación moderna de naciones en América Latina y el Caribe y "lo popular como sujeto político".

Editor: 
Umbral

Una trayectoria del habitar

En las propias formas del edificio, como residuo, están consignados los asientos y las inscripciones de nuestras concepciones.
La parte remodelada del edificio de Estudios Generales. (Foto por David Tait/Grupo Estudios Semióticos)
2016-01-20

En pocos años el edificio nuevo de la facultad de Estudios Generales fue mostrando señales de deterioro. A los diez años de ser inaugurado en el 1970, con sus paredes interiores ligeras, y la iluminación de sus pasillos que muestran amplitud cromática, su fuente de agua en la entrada, su estilo de apertura, su elegancia que combina la ligereza de formas y el ambiente con la madera fina en sus pasamanos y frontispicios de los anfiteatros, su retórica de distinción y las propuestas estilísticas de claridad que expresaban ese conocimiento integrador asignado a una nueva época, ya expresa su decaimiento.

El hoy DMN, -siglas de Domingo Marrero Navarro, nombre con el cual se bautizó esa estructura en el 1990 -va mostrando de forma acelerada su desfallecimiento. Se va interviniendo, mutilando, llenando de parchos, relegándolo al abandono por el mantenimiento negado. Las capas y capas de pintura sobre el cemento y bloques expuestos, según el mejor criterio del funcionario del momento, atenta contra su retórica original convirtiéndolo en una farsa. Va respirando con dificultad con sus ductos de aire contaminados, con los hongos que lo marcan, con desprendimientos y colapsos, con las alteraciones continuas, con el camuflaje de fallas y desgastes… Poco a poco va cediendo ante el deterioro que lo carcome y lo que en un momento era una metáfora de la apertura se transmuta en desaliento, en una fatiga del descuido y el desamparo. La forma, en su daño, va mostrando un menoscabo de los intercambios humanos internos.

Como decía Lao Tsé: “La arquitectura no son cuatro paredes y un tejado sino el espacio y el espíritu que se genera dentro”. Poco a poco comienza la hostilidad de un ambiente malsano y emerge el síndrome de edificio enfermo. Debido a los problemas de ventilación, las partículas de los aires acondicionados y ductos sin mantenimiento, la contaminación con hongos y polvo van causando una condición generalizada de alergias, enfermedades respiratorias y su secuela de condiciones. La queja de los empleados es recibida con escepticismo. Se recurre a más parchos, a embarrar lo que se puede con pintura para intentar tapar la situación; se ejecutan acciones incoherentes de una cosa aquí otra cosa allá. El entorno de trabajo y estudio produce un estrés térmico caracterizado por una sensación de malestar por los desniveles y los esfuerzos desmesurados para mantener una temperatura interna dado los cambios drásticos en el ambiente del cual se sale o al cual se entra. Hay una atmósfera malsana a causa de los problemas de temperatura del aire, la humedad, las paredes mojadas y los demás dispositivos, combinados con las colonias de esporas por las materias orgánicas en descomposición.

La fealdad como condición de normalidad emerge poco a poco. Si una fuente de agua se dañaba se instalaba otra dejando los rotos y perforaciones e inclusive piezas del sistema anterior como tuberías de descargas y los soportes. Al cambiar los accesorios de los baños, se sustituyen por otros dejando las perforaciones –y desniveles en el caso de los empotrados- de los anteriores. En el caso de los aparejos de plomería se hace con criterios puramente mecánicos dejándolos expuestos sin que intervenga un sentido de armonía. Así resulta con las llaves de agua de los lavamanos sustituidos por equipo de inferior calidad. Si una pieza de las barandas de madera se daña o cae, se le instala una plancha de plywood y se cubre con pintura marrón obscuro de aceite, del mismo color que se había usado sepultando el trabajo fino de madera original, para encubrir el parcho que habita en una nueva “normalidad”.

Los pasillos, antes con iluminación cruzada, se convierten en galeras correccionales, con muros de concreto y pequeñas aberturas en las puertas tipo hospital psiquiátrico o institución penal, que daban, literalmente, a dos rejas en los extremos. Esta acción se justificó por dos vías. Por un lado, por cuestiones de seguridad: luego de las manifestaciones estudiantiles de los ochenta, un estratega asesor de la Guardia, de formación militar, lo planteó como medida protectora. Por otro lado, por cuestión del ruido. Las paredes insolentes se levantaron en los pasillos, ahora, galeras de reclusión. Muchas veces en la mañana, había que esperar que abrieran los barrotes, con su chirrido intimidador para entrar a esta metáfora de la forma penitenciaria o, digamos, disciplinaria. Recuerdo haberle comentado en el momento en que por primera vez se abrieron los corredores a la colega Belén Barbosa: “¿Y cómo uno entra ahí sin transformarse?”

El reclamo de un edificio nuevo se va gestando y fueron años de discusión, asambleas, manifestaciones, hasta que, dada las condiciones de un edificio, que hubo que cerrar en varias ocasiones, comienza al lado un anexo que se integraría funcionalmente al principal. Así nace el actual Anexo Jaime Benítez Rexach (AJBR). En el edificio contiguo, ya construido, me encuentro en el 2014 en el seminario sobre la corporeidad de una estética integrista y me acerco a la ventana, que tiene rendijas desde su instalación. Contemplo el edificio contiguo, el DMN, en su lamentable estado y digo: “los pasillos tenían paredes de cristal…”

El deterioro creciente y extendido de nuestras edificaciones a un ritmo casi exponencial es explicado generalmente con una inocencia que raya en la complacencia patética mediante razones que van desde el clima, la antigüedad de los edificios, el uso inadecuado a nivel cuantitativo, etc. Pero este menoscabo es una señal de formas más profundas que son las prácticas dilapidadoras y depredadoras de nuestros propios recursos. Entonces hay que preguntarse cómo es que se produce todo esto en unos períodos de tiempo notablemente breve. Uno de los elementos constatados empíricamente en la investigación La arqueología del habitar, es que este edificio, el AJBR, ya está mostrando señas claras de su progresivo deterioro. Va en camino a convertirse en lo que fue el edificio contiguo, el DMN, que en un espacio de veinte años estaba totalmente deteriorado y que fue “arreglado” en varias ocasiones hasta su actual remodelación, que ya muestra los signos del deterioro. En muchas ocasiones, los “arreglos” y modificaciones efectuadas fueron verdaderas obras de mutilación despojando a la edificación de coherencia estilística, arquitectónica y estética. La cuestión es que al edificio se le ha concebido como una cosa inerte, como si fuera un armatoste sin vida, como una mole de hormigón para ser usado de forma indiscriminada, sin otro valor que ser una facilidad inmediata que será luego desechada.

El edificio es usado como un agente catalítico en esta reflexión. Esas grietas y deterioro son signos: representan, indican, simbolizan; son parte de un lenguaje que es necesario decodificar y que puede serle extraño al propio actor inmediato que está inmerso en esa comunidad lingüística social. No se trata de eventos aislados sino que forman, en su conjunto, un texto. Hay que tener presente la concepción de edificio que aquí se maneja. Se trata de un agente catalizador en la medida en que proporciona un camino de reacción alternativo al producto de reacción que estamos intentando comprender. Y esta ruta más corta, o digamos con menos energía desplazada, se consolida en la medida en que el edificio no es un conjunto de “facilidades” estáticas. Hay que renunciar a la noción tradicional del edificio en quietud y pensarlo como un ente cambiante. Recordemos a Heráclito: “La misma cosa en nosotros vive y muere, duerme y está despierta, es joven y vieja; cada una cambia su lugar y deviene la otra”.

El edificio existe, es un “sí mismo”, es “real”, siguiendo la reflexión del alemán Herbert Marcuse sobre su homólogo Hegel, como en el caso de una piedra, por ejemplo, al negar lo que lo niega, (viento, aire, lluvia, presiones) es decir en su afirmación activa, constante, como Hegel lo ha hecho claro en su famoso principio de la negación de la negación. Ese permanecer igual a sí mismo no es algo puramente estático –en el sentido tradicional- sino su inercia deriva de la resistencia que opone a modificar su estado. El ser-edificio es un proceso continuo de convertirse en sí y que actúa constantemente preservándose. Aquí, como en el caso de la planta, no veo este proceso como uno puramente exterior sino en un continuo intercambio, en el que interviene la acción humana, pues el edificio es una obra. Se trata de un “siendo” en la medida en que se encuentra en constante movimiento, y su dinámica es un registro de relaciones. Su forma de legajo cultural deriva del hecho de que, como diría Adorno para las obras de arte con la Escuela de Frankfurt, en su Teoría estética, es contenido sedimentado. En sus propias formas, como residuo, están consignados los asientos y las inscripciones de nuestras concepciones. Pero este registro al cual me refiero no se remonta a lo pretérito, sino a la relación continua, a una trayectoria, mediante la cual se produce el intercambio continuo.

Resumen: 

Este es el segundo de una serie de cuatro artículos sobre la investigación que realiza el Grupo de Estudios Semióticos de la UPR, a partir de la cual se realizó la instalación artística Signos. Originalmente fueron publicados en Diálogo UPR.

Cobertura: 
2016, Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.
Audiencia: 
Comunidad universitaria
Fuente: 
Colaborador: 
Estudiantes del Grupo de Estudios Semióticos de la UPR-RP
Reseña biográfica: 

El autor tiene un doctorado en sociología y semiología. Se desempeña como catedrático en la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Los miembros del GES que desarrollaron la investigación a la que alude este texto son, además del suscribiente, Gustavo Antonio Casalduc, Jorge Silén, Nabila Morales, Gustavo Carlos Casalduc, Néstor Lebrón, Adriana De Jesús Salamán, Omar Valentín y David Tait.

Editor: 
Diálogo UPR

Alma Mater: Punto de partida para la transformación del país

¿Para qué estudiar en la universidad? Para poner el conocimiento al servicio del pueblo.
2016-09-28

El Decanato de la Facultad de Estudios Generales y su Programa de Bachillerato celebraron la Vigésima Novena Lección Inaugural del Año Académico 2016-2017 el miércoles 28 de septiembre de 2016 en el Anfiteatro Núm. 1 de la Facultad. Como todos los años, esta conferencia inaugura oficialmente las labores académicas de los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras.

Audiencia: 
Comunidad universitaria del Recinto de Río Piedras
Fuente: 

Lección inaugural del año académico 2016-2017

Colaborador: 
Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras
Reseña biográfica: 

Presentación del Ingeniero Alexis Massol González para la Vigésima Novena Lección Inaugural Redactada y leída por Lorna G. Jaramillo Nieves, Ph.D. Facultad de Estudios Generales, Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras

El deseo de transformar el país es un tema que nos empuja a la búsqueda de soluciones a retos que se hacen cada vez más evidentes. Cómo construimos un país que sea justo para los puertorriqueños y las puertorriqueñas, que su agenda responda al bien común y qué acciones son necesarias para ello son ideas que cada vez revolotean más y más en nuestras mentes. Proyectos como Casa Pueblo, el Bosque del Pueblo y el Bosque Escuela son ejemplos de modelos exitosos resultado de idear cómo hacemos país de una manera diferente, donde el bien común es valorizado y las ideas pasan de pensamientos nobles a acciones concretas. En el 1980 el gobierno de Puerto Rico mostró interés en explotar 17 yacimientos de cobre, oro y plata ubicados en los municipios de Adjuntas, Utuado, Lares y mi muy querida Jayuya. El modelo de minería consistía en minas a cielo abierto, agujeros cavados en la superficie cuando los depósitos minerales se encuentran a poca profundidad. El gobierno pretendía también seguir modelos de extracción minera de zonas donde la precipitación es escasa. Un marco climático muy diferente al de Puerto Rico. En zonas áridas, este tipo de yacimiento mineral cambia la química natural del entorno y el alcance de este cambio está limitado por la ausencia de alta precipitación. Pero en el trópico, la práctica de la minería a cielo abierto implica repercusiones ambientales mayores, ya que la abundante escorrentía y percolación amplía el alcance de este cambio en el balance químico, originando ambientes ácidos que afectan adversamente las especies y resultando en la muerte de muchas de ellas. Pero, aún mayor es el daño cuando gracias a estos ambientes ácidos, el drenaje ácido de minas acarrea consigo metales pesados tales como plomo, cadmio, mercurio, arsénico y algunos otros a los cuerpos de agua. Pero eso no sucedió en Puerto Rico, porque ante esta intención se levantó el sentir de una comunidad. Ante el potencial daño ecológico se levantó una resistencia, pero resistencia con sustancia, con fundamentos detrás de sus planteamientos y con propuestas…propuestas innovadoras… propuestas para el bien común local y no para el bien extranjero de unos pocos. Así nació Casa Pueblo y luego de ésta, el Bosque del Pueblo, la primera reserva forestal de Puerto Rico manejada por una institución comunitaria. Luego de esto, surge el Bosque La Olimpia donde nacen la aguas que suplen el líquido de vida a más de 1.5 millones de habitantes residentes desde Adjuntas hasta San Juan. Hoy reflexiono en el impacto de Casa Pueblo en el país, en lo que implica para la nación puertorriqueña, esto es, para los que vivimos aquí y para los que viven afuera, para los recursos naturales de Puerto Rico e inclusive para mí… Sin Casa Pueblo tal vez los recuerdos de mi infancia en los campos de Jayuya, en los ríos del barrio Mameyes cuando visitaba a mi abuela no serían los mismos. El agua era limpia y cristalina y sin la acción de Casa Pueblo la historia pudo haber sido otra. ¿Cuántas vidas como la mía influyó este proyecto comunitario sin nosotros mismos saberlo? Aún recuerdo mi primer visita a Casa Pueblo junto a mis estudiantes hace unos años, donde nuestra guía al Bosque del Pueblo era una niña de aproximadamente unos 10 años. Y es que en Casa Pueblo, todos tienen un rol y cada persona es reconocida como una pieza importante en el quehacer comunitario y ambiental. Aunque muchas son las manos que luchan y trabajan en Casa Pueblo, hay un rostro que siempre tengo presente por sus años de esfuerzo y dedicación a este proyecto. De sonrisa afable y caminar pausado, pero también de andar firme y determinado a causa de décadas de experiencia y compromiso. El Ingeniero Alexis Massol González recibe a todo aquel que llega a las puertas de Casa Pueblo con un entusiasmo que contagia. Al visitar Casa Pueblo nos narra la historia de cómo un pueblo en las montañas de Puerto Rico logró cambiar esquemas de usos y manejo de terrenos y por primera vez se le otorga a un proyecto de base comunitaria el manejo de una reserva forestal. El Ingeniero Massol González es testimonio de la lucha ambiental en Puerto Rico, es líder comunitario y divulgador de la conciencia ambiental, que con sus acciones nos muestra cómo el futuro del país tiene grandes probabilidades en las manos de ciudadanos comprometidos con nuestros recursos humanos y naturales, con sus acciones de conservación y el apoyo a una gestión de manejo desde la base comunitaria. Es para mí realmente un honor, el presentar al Ingeniero Alexis Massol González, ganador del premio Goldman, el más importante galardón en la gestión ambiental a nivel mundial, pero más importante aún, les dejo con un luchador incansable de los recursos naturales del país, fiel a los principios de sostenibilidad y modelo a seguir para la transformación del país y el crecimiento de la nación puertorriqueña.

Editor: 
Umbral, CRET

Jornada: ¿Queremos una Nueva Ley Universitaria?

2014-02-14

El 14 de febrero de 2014 se llevó a cabo una Jornada de Facultad a fin de reflexionar y recibir propuestas parar someterlas al Senado académico. Esta Jornada consistió de nueve ponencias de los sectores docente, no docente y estudiantil, con el propósito de proponer y considerar posibles reformas a la Ley universitaria de la Universidad de Puerto Rico. Estas consideraciones surgen a raíz de los últimos cambios sociales y políticos ocurridos en el país y la posición de la universidad ante estos desde el contexto histórico y jurídico. El programa fue dividido en dos paneles y se recopiló un Informe de Recomendaciones  a partir de la Jornada escrito por la Facultad de Estudios Generales según la Certificación 27, enmendada por el Senado Académico (2013-2014). Esta actividad fue moderada por la Dra. Libia M. González y el Dr. Aarón Gamaliel Ramos Bonilla.  Las ponencias que se presentaron en esta Jornada fueron “¿Por qué estamos aquí? Suena nuevamente el canto de la reforma” de la Dra. Johanna Emmanuelli Huertas, “Las reformas a la Ley Universitaria” del Dr. Waldemiro Vélez Cardona, “Apuntes y observaciones  sobre  la Ley Universitaria” del Sr. Jorge Rodríguez Echegaray, “Preguntas y comentarios sobre La Reforma a la Ley” del Dr. Manuel Maldonado Rivera, “Asfixias imposibilistas o reflexiones de tiza en mano sobre los cambios a la Ley Universitaria” de la Dra. Mabel Rodríguez, “Pretendiendo cómo si el Programa de Genero fuera la Universidad” del Sr. Jaime Géliga y “Indignación perspectiva de género y universidad sin condición” de la Dra. Maruja M. García Padilla.

Audiencia: 
Comunidad universitaria
Colaborador: 
Facultad de Estudios Generales
Editor: 
CRET-Umbral