Platón

Las políticas de la enemistad

2015-09-10

Conferencia interdisciplinaria a cargo de la Dra. Irma Rivera Nieves, Catedrática del Departamento de Humanidades, sobre un libro que está escribiendo Las políticas de la enemistad sobre el concepto de "enemistad" en la antigüedad clásica grecolatina. Se discute a los personajes épicos Aquiles y Eneas, junto a las éticas y filosofías políticas de Platón, Séneca, Plutarco y Cicerón. Se relacionan conceptos como “amistad”, “otredad” y “simetría”. ¿Cómo el enemigo nos puede ayudar a ser mejores personas?

Actividad del Seminario de Humanidades del Departamento de Humanidades, coauspiciada por el Comité Interdepartamental de Educación General de la Facultad de Estudios Generales.

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Audiencia: 
Estudiantes y docentes de la Facultad de Estudios Generales
Colaborador: 
Ivette Fred Rivera
Reseña biográfica: 

Estudié Filosofía en Valencia, España, aquella que vería morir a Franco y a Carrero Blanco y el renacer de las autonomías. Mi profesor de Gnoseología cambió de un día para otro del castellano al valenciá, lo que me obligó al acto antipatriótico de buscar un cambio de profesor el semestre siguiente. De estudiante, mi filósofo favorito fue Wittgenstein: matriculé las electivas que podía con profesores afines a estos temas. Estudié a Kant con dos distinguidos académicos de la Universidad española de entonces: Fernando Moliner, quien se quedó en mi inconsciente como mi modelo del profesor, y José Manuel Navarro Cordón. El primero me mostró una confianza tan grande que puso a mi disposición su biblioteca y sus ficheros, aquellos index cards de entonces, en una Universidad realmente dirigida hacia la investigación.  Tendría veintitantos años entonces y la seriedad combinada con la serenidad de aquel departamento que dirigía con aplomo y amabilidad fue, más aún que las clases, una de mis experiencias formativas más preciadas. Tomé Lógica con Garrido quien, junto a su esposa se decía en voz baja habían inmolado hasta su cordura a la publicación de Teorema, una revista enteramente dedicada a sus intereses lógico-matemáticos.  Cuando me permito sentir  melancolía hay dos fantasmas: aquella vida claustral tan brillante, apasionada  y, sin embargo, monacal, y la infancia acelerada de mis dos hijos varones. El Dr. Julio Quesada, nietzscheano furibundo quien tiene una larga e importante obra sobre el filósofo más intempestivo, fue amigo y socio de aquella vida estudiantil tan intensa de entonces. Por sus invitaciones, ya como flamante Catedrático de Metafísica, pude regresar varias veces a las universidades españolas. Aprendí allá también la necesaria combinación de soledad y amistad que mueven la vida intelectual.

De  regreso a Puerto Rico (1978) con mi título de Licenciada, donde no conocía a nadie en la vida docente, intelectual y cultural del país, trabajé  en todas  las universidades privadas enseñando español, humanidades, ética, lógica, filosofía; muchas veces preparando la clase la noche  antes, como cuando me tocó enseñar Lógica a los inteligentes futuros ingenieros de circuitos de la UPR de  Bayamón. Para mis estudios doctorales tomé los cursos que ofrecía en San Juan la Universidad de Valladolid centrados en la historia y cultura hispanoamericanas. Aprendí mucho y corregí algo del europeísmo de mi formación. Pero, como el sepia de la historiografía no ha sido nunca de mi interés, tan pronto llegó el momento de presentar proyecto doctoral la vida me permitió volver a mi primer amor y propuse el problema del sujeto en Michel Foucault. Enseñando Filosofía en la Universidad del Sagrado Corazón conocí a la Dra. Antonia Mora -doctora en Heidegger y monja trinitaria adscrita a la parroquia Notre Dame de Caguas, quien me regaló mi primer libro de Foucault, La arqueología del saber, y con quien perfilé el proyecto de investigación. El sacrificio del sujeto de conocimiento en la obra de Foucault fue mi tema de investigación doctoral. He publicado ensayos y dado conferencias sobre algunos aspectos de la misma pero, curiosamente, nunca he enseñado sobre el tema al que más tiempo dediqué como estudiante.

Comencé por fin mi trabajo docente en el Recinto de Río Piedras y enseñando sólo Humanidades (1986) cuando dirigía el Departamento de Humanidades el jupiterino profesor Emilio Nazario (qepd) quien me nombró inmediatamente ayudante y colaboradora incondicional. Participé activamente en los comités, discusiones y proyectos de un departamento que renovaba sus contrataciones después de un largo periodo de quietud. Conocí  pues la amistad y también  la enemistad de que es capaz la vida universitaria riopedrense. Sin embargo, durante los cinco lustros en que me he desempeñado como docente del Departamento de Humanidades he sido más bien agraciada  con la amistad de varias de las generaciones de colegas departamentales con los que he compartido proyectos, conversaciones y heridas. En la década del 90, con el beneficio de la amistad intelectual de los distinguidos colegas Aurea María Sotomayor, Juan Duchesne, Silvia Alvarez, Manuel Alvarez y Carlos Gil, todos colegas de la FEG de entonces, publicamos la revista Postdata que fue catalogada como postmoderna, la misma me permitió desarrollar una etapa de pensamiento y escritura intensas en torno al tema del agotamiento del paradigma moderno. Del año 1996-1997 me fue concedida por la Presidencia de la UPR la Cátedra de Honor Eugenio María de Hostos para cuya competencia presenté mi libro, El tema de la mujer en el pensamiento social de Hostos, publicado por el Instituto de Estudios Hostosianos. Como resultado del tiempo de investigación que me permitió la Cátedra publiqué el libro Cambio de cielo (viaje, sujeto y ley) sobre los viajes de Lerdee, Hostos y Rizal, publicado por Editorial Postdata, 2002.

Prosiguiendo esa línea de investigación de naturaleza psi-jurídica publiqué  Soberanía (de)legitimaciones del poder y la autoridad en Puerto Rico, Editorial Postdata(2010), trabajo que fue auspiciado por una sabática del Departamento de Humanidades bajo la dirección de la Dra. Libia González. Estudio allí el tema de los discursos sobre el poder y la autoridad en Puerto Rico, lo que llamo ‘la telemaquiada’, y las búsquedas y rechazos de un principio de autoridad política para el país en la segunda mitad del siglo XX puertorriqueño. Las discusiones de los años 90 me llevaron a conocer a la Dra. Elda Abrevaya, psicoanalista y profesora del Departamento de Psicología de la UPR, amistad intelectual que abrió para mí la perspectiva psi-jurídica del jurista francés Pierre Legendre que inspira teóricamente el libro.  

Fui directora del Departamento de Humanidades de 2010-2012 bajo el Decanato del Dr. Luis Ferrao.  

Recuerdo que de niña ya era quien soy. Me disgustaban los lagartijos y me preguntaba porqué Dios los había creado, me mecía en el columpio y me embargaba la alegría del horizonte. Mi madre, que había pasado de una fe católica, adquirida muy tardíamente de mi padre Jesús María (qepd), a las más delirantes sectas, hablaba de Dios como un gran juez iconoclasta que no dejaría santo con cabeza. Quizá de ahí viene esta confianza en el Padre que nunca me ha dejado, a pesar de haber atravesado tantos desiertos, con sus respectivos oasis. Sé, sin embargo, que precede a mi madre. 

Mi biografía intelectual no estaría completa sin mis hijos y mi esposo. Con Carlos Gil  llevo casada cuatro décadas… y sé que ha sabido sobrellevar mi tendencias antigravitacionales. Cuando él, de talante más bien pragmático y mundano, ha preguntado en voz alta “¿Estaremos viviendo bien la vida?”;  mi respuesta es siempre existencial y escatológica; él,  impaciente corrige: “¡No!, me refería a si hacemos compra antes o después de irnos a Juana Díaz, si dormimos siestas muy largas o si haremos bien no yendo a alguna fiesta de la perturbada familia.”  Me he beneficiado pues de su inteligencia, de su sentido de la larga duración y de su enorme capacidad de trabajo. Mis hijos, Zaitay y Carlos Damián, el primero arquitecto y pintor y el segundo pintor y escultor (quienes aman a este país a toda prueba), me han enseñado a estar en la Tierra.

25 de septiembre de 2015.

San Juan, Puerto Rico.

Editor: 
Umbral-CRET