You are here

De madre a mamisonga: esbozo de un proyecto

2005-05-11


A mi querida amiga, Aurora Lauzardo, Presidenta del Nuevo Movimiento de las Mamisongas, Capítulo de San  Juan. 

Detesto  el  Día  de  las  Madres.  Supongo  que  es  un  sentimiento  compartido  con  muchísimas madres  inconfesas.  No  es  que  no  se  tenga  madre  o  se  esté  de  madre,  en  mi  caso  aplican  todas  las anteriores, pero nada hay más pesado que esa fiesta a la maternidad. Hay que invocar una musa especial ­ yo no he dado con la mía­ para sobrevivir los rituales que suponen tal celebración. Todos esperan, como en tu  cumpleaños,  que  sientas  por  un  día  completo  un  ataque  de  felicidad,  pero  veinticuatro  horas  de maternidad plena es nocivo a cualquier cuerpo. Además, deberás mostrar agradecimiento a los oficiantes
del  ritual  por  celebrar  tu  maternidad,  por  hacerte  “la  mejor  madre  del  mundo”,  por  regalarte  “ese  regalo especial que mamá tanto se merece”. No quiero sonar malagradecida (¡por favor, no dejen de regalarme, me  encantan  los  perfumes, los chocolates, las  flores  y las prendas!),  pero trocaría  ese  día  por  diez  años más de juventud.

Aceptar esa fiesta implica de algún modo conciliarse con una imagen sacralizada, simplista e inhumana de la maternidad. Porque díganme la verdad, ¿vamos a seguir creyendo en ese invento del instinto maternal? ¿Vamos a perpetuar la imagen de la santa madre abnegada y sacrificada? No hay corsage que merezca la pena, comadres, prefiero no recibir regalo alguno a que se me exija tanto en aras de una noción mítica de la maternidad. Les advierto, el disfraz de supermamá se rompe, en el mío ya no caben más zurcidos. Hay tantas madres como sujetos con hijos existen. Y en cada una de nosotras conviven diariamente la madre mezquina, angustiada, regañona, controladora, manipuladora (hay quienes hasta tienen un manual según cuenta una amiga) con la madre amable, cariñosa, generosa y adorable. Sólo al entender la complejidad de la figura materna es que se hace humana una de las más pesadas y gozosas encomiendas de la cultura: desear, cuidar y educar a los hijos.

No nos agradezcan sacrificios, reconozcan que la virgen María, la de la carita rosada, manto azul, halo y mirada absorta en el niño, no puede ser el modelo maternal a seguir. No es que prefiera a Medea, pero un lugar intermedio entre estas dos madrecitas es el que quisiera ocupar. Después de todo, la maternidad no es  un  asunto  de  naturaleza,  sino  una  estructura  de  la  cultura  que  ha  sufrido  múltiples  transformaciones históricas  y  que  ocasiona muchísimo malestar.  Y  en  una  sociedad tan  descentrada  y  esquizoide  como la nuestra,  sobrellevar  la  función  materna  redunda  en  frecuentes,  si  no  en  diarios,  ataques  de  angustia  y pánico o neurosis. Hagamos una enmienda a nuestro calendario festivo, eliminemos el Día de las Madres.

Sería  una  resolución  digna  de  nuestra  Legislatura, tan  abocada  a  lo  cursi y  a  la  superficialidad.  Es más, como nos resistimos a perpetuar el intercambio de regalos, las orquídeas, rosas y claveles, la visita anual al cementerio o al hospicio, las canciones de “mi madre querida”, las postales con flores gigantes, la paella o la lasaña maternal, propongo convertir esa sacra fiesta en el Día de la Mamisonga. La mamisonga no es la madre nutricia, ella sabe que su cuerpo es el cruce de muchos deseos. Por veinticuatro horas consecutivas celebraremos todos juntos la posibilidad de desear algo más que la procreación y el deber al cuido de la
progenie.

El  capítulo  de  San  Juan  del  Nuevo  Movimiento  de  las  Mamisongas,  ilusionado  con  la  aprobación  del proyecto en la Legislatura, organiza un jolgorio sin precedentes en los predios de Plaza de las Américas. El Festival de la Mamisonga sería una fiesta a todo dar, la definición misma del carnaval. Convocarán a todos los que de alguna manera u otra velan por el bienestar de nuestros niños­ tan generosa es la definición de mamisonga­  .  Diseñan,  como  tributo  especial,  un  zafacón  de  dimensiones  colosales  que  colocarán  a  la entrada  del  Festival  para  iniciar  el  ritual  más  importante  del  evento:  el  depósito  de  celulares,  beepers, teléfonos  y  otros  grilletes  sociales.  Así  las  mamisongas  disfrutarán  sin  interrupción  alguna  de  las actividades preparadas. Adelanta su presidenta que organizarán talleres, conferencias y seminarios sobre temas de interés de la comunidad como: “Disfrute de la eterna pelea fraterna”, “Cómo cocinar y estudiar con sus  hijos  a la  vez:  los nuevos cardiovasculares”,  “El  arte  de  ser  interrumpida”, “De  los  niños índigo a  losrojos: los hermosos monstruos de nuestra generación” y “Cómo decirles que no a sus hijos y no morir en el intento”.  Para  finalizar  la  actividad  tienen  en  mente  una  magna  rifa  para  las  ya  no  tan  sacrificadas mamisongas.  Entre  los regalos  a  rifar  aseguran  una  enfermera  pediátrica  graduada,  una  cocinera  criolla, que además hace las compras, y como regalo especial, los servicios por un año de un chofer de guagua machina especializado en adolescentes.

Yo  confío  que  el  gobernador  no  vete  el  proyecto,  de  todas  formas  le  convendría  la  celebración  para fortalecer su imagen de Pater familiae. Estoy segura que, entonces sí, el Día de la Mamisonga sería una fiesta digna de celebrar. Yo sería la primera que cantando al son de Maelo, me uniría al coro que dice: “Ay mamita linda, dime porqué, dime porqué me abandonaste...”
 

Fuente: 

Sumplemento En Rojo del periódico Claridad. N. 2724.