Eugenio María de Hostos

Eugenio María de Hostos

Resumen: 

Eugenio María de Hostos y Bonilla nació en Río Cañas, barrio de las Marías en Mayagüez, Puerto Rico, el 11 de enero de 1839. Sus padres fueron Eugenio María de Hostos y Rodríguez e Hilaria de Bonilla y Cintrón. La figura y los escritos de Eugenio María de Hostos resultan particularmente interesantes como expresión de la peculiar situación socio-histórica antillana de la segunda mitad del siglo XIX, ya que se abocó, a través de la teoría y de la acción, a laborar por la independencia, la dignificación y la cultura de Puerto Rico y Santo Domingo.

Eugenio María de Hostos y Bonilla nació en Río Cañas, barrio de las Marías en Mayagüez, Puerto Rico, el 11 de enero de 1839. Sus padres fueron Eugenio María de Hostos y Rodríguez e Hilaria de Bonilla y Cintrón.

La figura y los escritos de Eugenio María de Hostos resultan particularmente interesantes como expresión de la peculiar situación socio-histórica antillana de la segunda mitad del siglo XIX, ya que se abocó, a través de la teoría y de la acción, a laborar por la independencia, la dignificación y la cultura de Puerto Rico y Santo Domingo.

El día 11 de agosto de 1903 falleció lejos de su patria a sus 64 años. Sus restos reposan en República Dominicana por deseo expreso del ilustre pensador.

Primeros años de Educación

A la edad de nueve años, hacia 1947, comienza sus estudios en el liceo de don Jerónimo Gómez de Sotomayor, en San Juan. Más tarde, los padres tal vez influenciados por don Agustín de Aurteneche que vivía en la misma casa de la familia Hostos, lo envían a estudiar al País Vasco al instituto de Segunda Enseñanza de Bilbao. Tenía entonces dieciséis años e iba a permanecer en la ciudad de Nervión desde 1854 a 1856.

Una vez terminados sus estudios de enseñanza media, se trasladó a Madrid en 1856 y se matriculó en la Facultad de Derecho  en la Universidad Central. Pero la situación política de España no le dejó finalmente terminar sus estudios de derecho. En ese momento pasó de ser  un estudiante de derecho a un escritor activo, no solo a favor de la independencia de Puerto Rico y Cuba sino que también a favor de los movimientos anti-esclavistas, esto sin olvidar su incansable labor pedagógica, la cual que terminó en Republica dominicana.

El alejamiento de España

Después de servir como activista en la caída de la monarquía. Eugenio María de Hostos se dio cuenta que sus correligionarios políticos españoles no estaban firmemente concienciados acerca de la realidad antillana.

En 1869 Hostos deja definitivamente España. Se dirigió a Nueva York en donde se reunió por primera vez con Ramón Emeterio Betances. Junto con los exiliados caribeños y en especial con los exiliados cubanos, puesto que una vez la revolución puertorriqueña estuvo sofocada, Hostos se convirtió en un propagandista de la independencia cubana por considerar que estaba estrechamente relacionada con la situación de la isla.

El recorrido por América del Sur

El viaje que iniciaría Hostos tuvo por finalidad, principalmente, hacer conocer la lucha que sostenían los pueblos antillanos por su independencia. Durante tres años reclamó atención y solidaridad de las naciones americanas hacia sus hermanos caribeños, recorrió Venezuela, Colombia, Chile, Perú, Argentina, y Brasil escribiendo infinidad de artículos de prensa y dictando conferencias que se recogen en su diario revolucionario.  Como fruto de este viaje escribió el libro llamado Mi viaje al Sur.

Después de un breve tiempo en Nueva York zarpó a Cartagena, de Cartagena a Panamá, de Panamá al Callao y del Callao a Lima. Una vez en Lima se asoció con don Federico Torrico para fundar el periódico La Patria en el cual defendió la doctrina liberal. Cuando las sangrientas escenas de julio de 1872, en el que la milicia victimó al presidente de la República del Perú, don José Balta, sólo él  pudo publicar un número condenando el atentado. Esto, aprovechando las circunstancias de que su imprenta no era de las más vigiladas por las autoridades gubernamentales.

Desde el periódico La Patria, al tiempo que ganaba adeptos para la causa esencial de su viaje a América del Sur, también libraba otras campañas sociales defendiendo a la población asiática  pobre, explotados por la usura, tratados peor que esclavos en las obras públicas en que se ganaban el pan. Fundó además en Lima la Sociedad Amantes del Saber para cooperar en el desarrollo de la instrucción primaria y secundaria. En el mes de diciembre de 1871 abandonó Perú para continuar en Chile la causa para la cual se había embarcado en tan larga travesía.

Una vez en Chile su producción literaria fue de tal magnitud, que en poco tiempo ya estaba haciendo una nueva edición de La Peregrinación del Bayoán, también a este periodo pertenecen La Reseña Histórica de Puerto Rico, La Biografía sobre Plácido, La Memoria sobre la Exposición de Artes e Industrias de 1872, y sobre todo su comentado Ensayo sobre Hamlet.

Además de los aportes literarios también cabe destacar el aporte, si bien literario, también social en cuanto a La enseñanza científica de la mujer. Este fue un gesto grandemente agradecido por las mujeres chilenas, de manera que incluso las primeras tesis aprobadas en la Universidad de Chile fueron dedicadas a Hostos.

En Chile también recorre las comarcas observando minuciosamente el vuelo de la vida nacional y haciendo acopio del material que años más tarde incorporó en sus estudios sicológicos. Después de un tiempo Hostos zarpó nuevamente, esta vez desde Valparaíso el 10 de septiembre de 1873 y el 30 del mismo mes es recibido en Buenos Aires.

En Argentina, tres diarios le ofrecieron trabajo, los cuales él aceptó acomedidamente. Deja así Hostos la enseñanza privada y las traducciones que en otras partes le habían servido para ganarse la vida. Es pues en este momento que renueva su campaña por la liberación de Cuba y Puerto Rico a través de conferencias, utilizando todos los medios que tenía disponibles para crear una atmósfera revolucionaria. En 1874, Hostos renunció a una cátedra de filosofía que el rector de la Universidad de Buenos Aires le ofreció, este hecho en particular es importante porque una vez más  Hostos habló de la importancia y esencia del propósito de su viaje,  “yo he venido a la América Latina con el fin de trabajar de trabajar por una idea. Todo lo que me separe de ella, me separa del objeto de mi vida”.  ( )

Después de publicar una serie de artículos en los cuales defendía la necesidad de unir a Chile y Argentina por medio de un ferrocarril  transandino, Hostos continúa  su viaje hacia Brasil.  La siguiente parada de Hostos fue Río de Janeiro, allí se quejó  de la indiferencia que encontró  por todo lo relativo a América Latina y en respuesta escribe una serie de artículos para La Tribuna, de Buenos Aires. Al enterarse que se preparaba una expedición a Cuba desde Nueva York, zarpó con rumbo a la misma arribando en abril de 1874.

En Nueva York además de publicar La América Ilustrada, en colaboración con el escritor cubano Enrique Piñero, Hostos también preparó junto con Betances un par de expediciones que se vieron frustradas. En 1875, a un año de su salida de América del Sur, pasó por Puerto Plata. Esta fue la primera vez que Hostos estuvo en República Dominicana y en ese mismo año dirigió las Tres Antillas.

Poco tiempo después y a petición de su viejo amigo, el general Pedro Arismendi Brito, gobernador de Caracas, aceptó el vicerrectorado de un colegio, que abandonó prontamente por incompatibilidad con el director del misma. En aquel mismo año contrae nupcias con Otilia de Ayala, hija del doctor Carlos Felipe Ayala, deportado de Cuba.  Por aquel tiempo, Hostos aceptó la rectoría de un colegio en provincias, lo cual le proveyó el clima propicio para la elaboración de sus doctrinas.

Estando  en Venezuela, tiene conocimiento de que el pacto del Zanjón, el cual finalmente logró la paz para Cuba luego de diez años, también ponía en peligro la independencia de la misma. Aprovechando precisamente dicho pacto, el cual proveyó una amnistía por parte del gobierno español, regresó a Puerto Rico por un breve tiempo. Es así que tiempo después, el 22 de Mayo de 1879 abandonó su isla para instalarse en República Dominicana.

Primera etapa en República Dominicana

República Dominicana, y más propiamente dicho Santo Domingo, verá en Hostos un educador  profundo, sistemático, filosófico y de gran fecundidad. Es en Santo Domingo donde Hostos  asignó a la educación unas funciones básicamente revolucionarias: crear hombres nuevos con una nueva actitud. Según Hostos, República Dominicana estaba hundida en la anarquía puesto que había probado todo tipo de revolución menos la educativa.

Hostos se volcó hacia su intelectualidad y su ideal de revolución. Trabaja de tal manera que los frutos pronto se verían en la enseñanza con bases enteramente científicas. Para Hostos la formación integra del individuo era el desarrollo completo de todas sus facultades, las intelectuales y las emocionales. En 1880, se fundó la primera Escuela Normal de República Dominicana, siendo este hecho el fruto directo y plausible de la obra de Hostos. Además, Hostos se desempeñó como catedrático de Derecho, Economía Política y Moral en la Universidad Nacional. Con la ascensión del dictador Ulises Heureaux en 1889 llega el final del periodo de estadía del educador en la  República Dominicana; regresar por segunda vez a Chile, invitado por el presidente José Manuel Balmaseda.

Segunda etapa en Chile

Una vez en Chile, Hostos prosiguió su labor pedagógica y fue nombrado rector del liceo de Chillán. En 1890, al fundarse el liceo Miguel Luis Aminátegui, le fue ofrecida su dirección, la cual ejerció hasta su renuncia en 1898. En Chile escribió y publicó diversas monografías sobre los temas más diversos y en particular numerosos textos para un programa de segunda enseñanza que él mismo redactó. Además, Hostos contribuyó a la reforma de la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago, en la que se desempeñó como catedrático de Derecho Constitucional.

Guerra Hispanoamericana y Hostos

Estando en Chile Hostos recibe noticias de que pronto estallaría la guerra Hispanoamericana. Dejando todo de lado, Hostos se embarcó rumbo a Nueva York y llegó el 16 de abril de 1898 con la intensión de adelantarse a la ocupación norteamericana de la isla pero cuando arribó al país del norte, ya la expedición del general Miles estaba a punto de zarpar hacia Puerto Rico. Efectivamente, el 25 de julio de 1898 la expedición del general Miles desembarcó en Guánica.

El 11 de septiembre de 1898, Eugenio María de Hostos llega a Puerto Rico, siendo fiel creyente de la constitución norteamericana y de sus principios libertarios, Hostos creía que un plebiscito sería suficiente para dejar en claro la voluntad popular de independencia en la isla.

La Liga de los Patriotas tuvo una escasa aceptación en la Isla. Solamente cuatro municipios tomaron conciencia. Esta asociación tenía como encomienda inmediata entrevistarse con el presidente de los Estados Unidos, Willian Mac Kinley, hecho que efectivamente lograron Hostos, Zeno Gandía y Julio J. Jena. Dicha entrevista no tuvo los resultados esperados. La entrevista tuvo lugar en Washington el 21 de enero de 1899; es a partir de ese momento que Hostos por fin se convenció de que los Estados Unidos no estaban dispuestos a dar la independencia a la Isla.

Finalmente, Hostos regresó a la Isla y como último recurso presentó a la Comisión Civil, creada por el gobierno invasor, peticiones para resolver finalmente el problema del status, entre ellas una de las más importantes leía que “después de cierto tiempo el gobierno civil norteamericano diera paso a un puertorriqueño independiente. Sin embargo, todas las peticiones debían ser refrendadas en un plebiscito que dicho gobierno norteamericano debía comprometerse a lograr. Solamente obtuvo buenas palabras, no así el cumplimiento de las peticiones.

Ultima residencia en República Dominicana

Después de incontables intentos por lograr la independencia de la Isla, Hostos recibió un sinnúmero de telegramas solicitándole regresar a República Dominicana; el maestro finalmente accedió y el 6 de enero de 1900 llegó a Santo Domingo. Algún historiador indica: “Tenía un aire hondamente triste, definitivamente triste”. Hostos se entregó a la docencia, y  en ese mismo año fue nombrado Inspector General de Educación Pública. Ya para 1902 Hostos fungía como  director de la Escuela Normal de Magisterio. Dentro de toda su fecunda labor, en este último episodio de su vida Hostos publicó el llamado Tratado de Sociología, que fue fruto de los apuntes de muchos años.

Fallecimiento

Hostos falleció, a los 64 años, el 6 de agosto de 1903 estando en República Dominicana. Sus restos descansan en el panteón Héroes Nacionales de Santo Domingo.

Bibliografía: 

Arpini, Adriana. (2007). Eugenio María de Hostos y su época: Categorías sociales y fundamentación sociológica. San Juan. PR. La editorial de la Universidad de Puerto Rico.

Bosh, Juan. (2009). Hostos el sembrador. Mayagüez, PR: Museo Eugenio María de Hostos.

Comisión pro-celebración del centenario del natalicio de Eugenio María de Hostos (Puerto Rico), (1939).Biografía de Eugenio María de Hostos y Bonilla / Comisión pro-celebración del centenario del natalicio de Eugenio María de Hostos.

Del Orbe, Ramon (1955). Hostos: Ciudadano del mundo. San Juan, PR. Editorial Betances.

Fonfrías Ernesto, Juan. (197?). Puerto y Chile en la inmortalidad de Eugenio María de Hostos y Segundo Ruiz Belvis.

Gutierrez Laboy, Roberto. (2009). Pensar y entender a Hostos. San Juan, PR: Ediciones Situm.