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Editorial

abril 2016
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“La cárcel es el medio donde los hábitos y deformidades de la sociedad “libre” cobran, simplemente, mayor nitidez.” Rita Segato

Al preguntarle a un hombre confinado que definiera en una palabra la cárcel, me contestó sin titubear: un zafacón. Su respuesta me hizo recordar el libro de Zygmunt Bauman, “Vidas desperdiciadas”, particularmente su idea de los “residuos humanos” y el problema de cómo la sociedad hace frente a estos sectores de la población calificados como desechables. Ciertamente la imagen de la cárcel como un zafacón alude a un “espacio vertedero” o almacén de cuerpos, los cuales tarde o temprano se descompondrán; se pudrirán por la inercia, el entumecimiento físico y mental y la degradación sistemática de su dignidad. Se trata de objetivos muy distantes de nuestro mandato constitucional a la ‘rehabilitación social’ de las personas privadas de libertad y los resultados contradicen la aspiración democrática de un sistema de justicia criminal y penal que se llame humanitario. Por otro lado, en muchas instancias el discurso popular adquiere un tono vengativo y clama por ‘botar la llave’ de las prisiones, lo cual responde al imaginario de que precisamente la cárcel se diseñó para castigar y tirar al olvido a quienes se les califica como la basura o el desecho humano: el/la delincuente. Y esta visión responde, en muchos sentidos, a las políticas de la Mano Dura contra el Crimen que se establecieron al inicio de los noventa ante el aumento de la criminalidad que venía experimentándose en Puerto Rico desde finales de los ochenta. Las estrategias de esta política pública, considerada hoy día como un fracaso por la mayoría de los estudiosos del tema, se basaban en la represión, el aumento de la presencia policiaca en ciertos sectores y el castigo traducido en altas penas de cárcel. Dentro de esta visión punitiva, la criminalidad estaba enfocada como un problema policiaco, y no como uno de desigualdad social. Posteriormente, y dependiendo del gobierno de turno, dicha política ha cambiado de nombre, pero en esencia sigue siendo la misma: Castigo Seguro, Golpe al Punto son variantes de un mismo acercamiento. Ante el fracaso de las políticas públicas de la Mano dura y si tal como aseveró la activista afroamericana y profesora universitaria Ángela Davis: la cárcel desaparece las personas, no los problemas, ¿No será ésta la coyuntura idónea para cuestionar su lógica y sus prácticas? (Continuación en documento pdf.)

Fuente: 

N.11 Revista Umbral