Alejandro Tapia y Rivera

Alejandro Tapia y Rivera

Resumen: 

Alejandro Tapia y Rivera nació en la ciudad de San Juan, Puerto Rico, el 12 de noviembre de 1826. Fue el único hijo varón del matrimonio de don Alejandro Tapia y Zapata, capitán de Infantería del Regimiento de Granada, natural de Murcia, España, y de doña Catalina de Rivera Sánchez, puertorriqueña. Es una de las figuras que más contribuyó a la formación de la cultura puertorriqueña. Es considerado como iniciador del teatro puertorriqueño y de las bases de la literatura nacional. Entre los escritores puertorriqueños del siglo XIX, se destaca por su capacidad creadora y literaria.

Texto completo: 

Alejandro Tapia y Rivera nació en la ciudad de San Juan, Puerto Rico, el 12 de noviembre de 1826. Fue el único hijo varón del matrimonio de don Alejandro Tapia y Zapata, capitán de Infantería del Regimiento de Granada, natural de Murcia, España, y de doña Catalina de Rivera Sánchez, puertorriqueña. Es una de las figuras que más contribuyó a la formación de la cultura puertorriqueña. Es considerado como iniciador del teatro puertorriqueño y de las bases de la literatura nacional. Entre los escritores puertorriqueños del siglo XIX, se destaca por su capacidad creadora y literaria.

Tapia murió el 19 de julio de 1882 mientras se celebraba una sesión en el salón de actos del Ateneo Puertorriqueño de la Junta Directiva de la Sociedad Protectora de la Inteligencia. Dicha agrupación tenía el propósito de costear estudios superiores fuera del país a jóvenes de escasos recursos. Apenas iniciado el acto, Tapia pidió la palabra como miembro del jurado examinador. Hablaba en tono tranquilo cuando, con gesto de dolor, llevó su mano a la frente y murmurando palabras que no pudieron ser percibidas avanzó, contraído, hacia la parte exterior del salón. Allí, en la institución de la que fue fundador y principal sostenedor, en un ambiente de saber y de cultura, murió a los 55 años como consecuencia de un derrame cerebral.  

Primeros Años y Educación

La niñez de Tapia transcurrió de forma accidentada. Su carácter fue acrecentándose por las mudanzas constantes sufridas debido a los motivos de enfermedad de sus padres y a las altas y bajas en la situación económica de la familia. Cuando apenas contaba con cuatro años de edad, su padre tuvo que abandonar Puerto Rico y buscar en España la salud que perdía lentamente por motivo de padecimientos crónicos. Más adelante, mejorado de las dolencias y establecido en Málaga, el padre de Tapia decidió llevar a su esposa e hijos con él. Tapia tenía ocho años cuando esto ocurre.

La permanencia en Málaga dejó en Tapia experiencias que le ayudarían a su formación. Entre éstos se encuentran: sus primeras experiencias militares, los motines, sus primeras asistencias al teatro, entre otros. La tierra malagueña, probablemente, despertó en el niño puertorriqueño la afición por el teatro. Este interés lo llevo a  producir, ensayar y montar sus primeros dramas en el teatrito que estableció en su casa en la calle de Granada.   

Al cabo de ocho meses de estar en Málaga, se vio obligado a regresar a Puerto Rico debido a la delicada condición de salud de su madre. Tapia y su madre, doña Catalina, emprendieron el viaje el día 16 de septiembre de 1835 y llegaron a Puerto Rico después de cuarenta y siete días de travesía.  A su regreso, Tapia  empezó una vez más el peregrinar por las escuelas de la ciudad. En 1836, asistió a la escuela de don Juan Basilio Núñez; en 1837, a la escuela de los padres Escolapios; en el 1838, al Colegio Museo de la Juventud y por último; en 1840 pasó al Seminario Conciliar de San Ildefonso.

Tapia, con escasamente quince años, abandonó sus estudios por sentir la imposibilidad de continuar su carrera y acudió a su antiguo profesor de matemáticas para aprender derecho mercantil y con ello tener un medio práctico de vida. Las lecciones con su profesor eran alternas y nocturnas. En el tiempo libre se dedicó a leer e intentar escribir dramas y novelas, además de concurrir por las noches a los ensayos y funciones teatrales de una compañía italiana que visitaba la Isla.  

Destierro de 1849

Para 1844, Tapia ocupó, aunque sin sueldo, un puesto en la Secretaría de Intendencia. De 1846 a 1849, trabajó como empleado y escritor de la Real Hacienda Pública en el Negocio de Ventas y Contribuciones de la Administración Central.

A los 23 años, contento con su trabajo y satisfecho con sus actividades, surgieron otros conflictos en su vida. Sostuvo un duelo con un Capitán de Artillería al amanecer del día 11 de septiembre de 1849. A este conflicto se le dio carácter político y el gobernador De la Pezuela ordenó su destierro y se expidió un decreto inquisitorial en el que se decía que Tapia era hombre de mala conducta y peligroso para la sociedad.

Cumpliendo con la orden de destierro, Tapia zarpó de Puerto Rico el 17 de noviembre de 1849. Después de cuarenta y cuatro días de viaje, llegó a Alicante el 31 de diciembre de 1849. Volvió a embarcar hacia Málaga el 2 de enero de 1850 y después de permanecer tres meses junto a su padre, se estableció en Madrid.

Vida en Madrid y Primeras Obras

En Madrid, buscó la compañía de José Julián Acosta y de don Ramón Baldorioty de Castro, por considerarlos los más aplicados que para entonces hacían sus estudios en Madrid. Junto a ellos continuó sus actividades culturales y trabajó, estudió, investigó, escribió y publicó. Sus intereses eran múltiples y variados. Estudió matemáticas, física, química, y aprendió el idioma inglés con el propósito de leer a Shakespeare. Se inició en los estudios orientales y aprendió la lengua árabe por el interés de comprender mejor la influencia de los árabes en el desarrollo de la historia de España. Además, acudió a las bibliotecas públicas y a los archivos del Gobierno donde estudió, investigó y coleccionó documentos históricos referentes a Puerto Rico. Entusiasmado con la historia de su patria y aprovechando los conocimientos adquiridos en la investigación de documentos, escribió y publicó su primera obra, La palma del cacique, leyenda inspirada en la historia de la época de la colonización.

Los periódicos madrileños recibieron durante estos años sus colaboraciones y desde ellos abogó por todo, lo que de una forma u otra, contribuía al progreso del ser humano en general y del puertorriqueño en particular.

Regreso a Puerto Rico

En 1852, De la Pezuela es sustituido en la gobernación de Puerto Rico por don Fernando Norzagaray, y Tapia solicitó autorización para regresar a la Isla. El nuevo Gobernador acogió favorablemente su solicitud. Después de varios días de travesía, llegó a Puerto Rico a fines de noviembre de 1852. Una vez en Puerto Rico, comenzó a hacer uso de los conocimientos adquiridos en España durante su destierro. Publicó Biblioteca histórica de Puerto Rico, fruto de sus investigaciones en los archivos y las bibliotecas de Madrid.

Creación Literaria y Artística

Inconforme e insatisfecho con la situación en Puerto Rico y con la actitud de sus compatriotas, embarcó hacia Cuba en 1857 buscando un ambiente más propicio para trabajar y escribir. En La Habana trabajó como perito mercantil a la vez que continuaba sus actividades literarias. Allí recogió y publicó sus escritos (poemas, dramas, novelas, biografías, cuentos) en un volumen al que nombró  El bardo de Guamaní. 

Tapia regresó a Puerto Rico en 1863 y en ese mismo año murió su madre. Luego de esta perdida, Tapia embarcó para Europa, con el propósito de permanecer en España definitivamente. En este viaje visitó por primera vez a Inglaterra, Francia, Alemania e Italia. Llegó a Madrid en 1866. Como en ocasiones pasadas, Madrid le brindó facilidades de trabajo, de estudio y de investigación.

En 1869, contrajo matrimonio con la malagueña Rosario Díaz y Espiau y en ese mismo año regresó con su esposa a Puerto Rico. Se estableció en la ciudad de Ponce donde unos amigos de su familia le confiaron la administración de su hacienda. Pero pronto abandonó ese trabajo para dedicarse a algo más cónsono con sus inclinaciones: la enseñanza y el periodismo.

Con la ayuda de su esposa y mostrando su preocupación por la educación de la mujer, escribió, dirigió y publicó durante los años 1870-1874, La Azucena, una revista quincenal de literatura, ciencias, artes, viajes y costumbres; dedicada a la mujer puertorriqueña.   

En 1874, se trasladó a San Juan donde escribió y publicó varias obras. Tapia continuó hasta el 1876 en la dirección de La Azucena y, además, colaboró con instituciones de carácter cívico y literario, y ocupó diversos cargos de Hacienda y Diputación Provincial. Como premio a una vida dedicada a las artes y a la cultura, Tapia recibió el honor de ser nombrado Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos Tercero.

Fallecimiento

El 18 de julio de 1882, víspera de su muerte, dio fin a su novela Póstumo envirginiado. La misma tarde del día de su muerte, redactó los últimos capítulos del Reglamento de Segunda Enseñanza, trabajo que le correspondía escribir como vocal ponente de la Junta Provincial de Instrucción.

Bibliografía: 

Castro Pérez, E. Tapia: Señalador de caminos. Puerto Rico: Editorial Coquí, 1964.

García Díaz, M. Alejandro Tapia y Rivera: su vida y su obra. San Juan, Puerto Rico: Editorial Coquí, 1964.